UNA PUBLICACIÓN SOBRE LA LLEGADA DE LA MUJER A LAS AULAS DEL INSTITUTO DE PALENCIA: “Las primeras alumnas del Instituto de Palencia (1873-1874 a 1916-1917)”. Jesús Coria

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Fotografía de Carmen Vielva Otorel.

Alumna del Instituto de Palencia y Catedrática de Lengua y Literatura españolas

“Las primeras alumnas del Instituto de Palencia (1873-1874 a 1916-1917)”, en Ciclo de Conferencias. Cien años del edificio de Jerónimo Arroyo. IES Jorge Manrique -Junta de Castilla y León. Palencia 2010, pp 173-323

Jesús Coria Colino

Catedrático de Geografía e Historia. IES Jorge Manrique de Palencia

(fragmento) “Una de las notas distintivas del Instituto de Segunda Enseñanza de Palencia es la precoz incorporación de las mujeres a sus aulas. Elia Pérez va a ser la pionera durante el curso 1873-1874, abriendo un capítulo memorable para este Centro.

Desconocida para muchos, esta joven huérfana y brillante en sus estudios, pasará de las aulas del Instituto a las de la Universidad para cursar Medicina. Su personalidad y empuje deben ser recordados para siempre.

Tras Elia Pérez comenzarán a sumarse muy pronto –en las diferentes modalidades de la escolarización del momento– una serie destacada de alumnas que demostrará sus posibilidades y competencia tras superar los inconvenientes legales, la ausencia de atención de una buena parte de los políticos de su tiempo y, por qué no decirlo, el desprecio de una buena parte de pedagogos, profesionales del mundo educativo y el de una sociedad que contemplaba para ellas un papel subordinado, circunscrito al de esposas y madres.

Muchas de ellas alcanzaron unas brillantes calificaciones; unas pocas pudieron ver cambiadas sus expectativas personales logrando licenciaturas en la Universidad ; otras más fracasaron en una lucha desigual frente a la adversidad de su tiempo y abandonaron sus estudios. Pero todas demostraron la potencialidad femenina para alcanzar unas metas complicadas para su tiempo, la capacidad de incorporarse a un mundo vedado hasta ese momento y el reconocimiento de sus profesores y contemporáneos.

Las primeras alumnas sufrieron el inconveniente de ser heraldos de un proyecto a largo plazo, luchando a contracorriente con una manifiesta situación de inferioridad legal, no sola mente social. A pesar de todo ello, personajes como Elia Pérez, Luisa Domingo, Trinidad Arroyo, Esperanza González, María Jesús Linacero, Marceliana López Tijero y Emilia Valverde, abren una puerta a una segunda generación brillante a la que no se le ponen grandes obstáculos en el camino de la Segunda Enseñanza y el de la Universidad, especialmente a partir de 1910. María Nieves González Barrio, Matutina Rodríguez Àlvarez, hermana del famoso literato Alejandro “Casona”, también alumno del Instituto de Palencia, Teresa Andrés Zamora o Carmen Vielva Otorel, son un buen ejemplo de profesionales de esta segunda etapa.

Nieves González Barrio llegó a ser una de las profesionales más destacadas del mundo de la Sanidad española, camino que también siguió Matutina Rodríguez un poco después; Carmen Vielva Otorel fue una brillante catedrática de Instituto, con una proyección indiscutible en sus destinos, especialmente en el Instituto Murillo de Sevilla. Teresa Andrés, por su parte, representa la imagen de la intelectual comprometida hasta sus últimas consecuencias con una opción política, al servicio de la difusión de la cultura en los años de la II República. Junto a ellas, un elenco de alumnas sobresalientes que aparecen frecuentemente en los cuadros de honor del Instituto.

Inaugurado el nuevo edificio del Instituto (1915) con todo lujo de instalaciones y medios registramos un aumento notable de alumnas, coincidente con una dinámica educación pública. La Guerra Civil supone cambios de alcance en el modelo educativo y la supresión de la coeducación. Pero ese será otro momento, que podremos abordar en otro trabajo posterior.

Dedicaremos ahora nuestra atención a las alumnas que, desde 1874 a 1915, contribuyeron decisivamente a la integración de la mujer en la segunda enseñanza. Nuestro límite cronológico queda fijado ahora en el traslado al edificio de Arroyo y Gallego y los primeros momentos de vida académica en las nuevas instalaciones. A partir de este momento, en un recinto que es calificado por los mismos profesores como un verdadero “palacio”, ya sin las incomodidades de aquel viejo caserón amenazado por la ruina y muy poco adecuado a las necesidades que demandaban los nuevos planes educativos, asistiremos a una nueva etapa de la enseñanza pública en Palencia.

A todas estas alumnas, por su lucha contra las adversidades iniciales que debieron sufrir y por su significado social, va dedicado este trabajo. Sus nombres, desconocidos en buena parte, pasarán a ser desde este momento un patrimonio más de nuestro pasado.

Hemos planteado nuestra exposición en dos apartados: en el primero abordaremos una visión general del estado de la cuestión, así como unas breves referencias a la aparición de la mujer en otros Centros educativos del mismo nivel; en el segundo, desde una perspectiva también abierta, nos detendremos en el ejemplo del Instituto de Palencia (…)”

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